adrian's profileEL RINCON DE ADRIANPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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January 18 Los 5 Reinos- !Martin!, !Martin!, vamos, en pie, vuelven a sonar disparos al otro lado de la trinchera.
Era noche cerrada, y una fina y helada llovizna caia sobre mi entumecido cuerpo. Apenas habia conseguido cerrar los ojos cuando volvieron a sonar esas malditas balas.
- Martín, vamos, el capitán nos necesita!, espetó Raul.
Raúl era mi sargento, compañero mio desde la epoca de la instruccion, hace mas de 4 años. Ni siquiera la guerra habia estallado. Estuvimos juntos en el campamento, y en nuestros primeros destinos. A Raul lo ascendieron rapidemente, su velocidad en el gatillo y su capacidad de liderazgo no pasaron por alto, y llego a ser mi sargento.
Si no fuera por Raul ya habria muerto hace tiempo.
- Esta bien, esta bien!, no grites mas, si no tuviera bastante con las bombas vienes tu a despertarme. Respondi malhumorado.
Cogi el fusil que tenia a mi lado y me encaje el casco como pude, al tiempo que me ponia en pie y me dirigia con raul hata el capitan.
- Dicen que esta noche la guerra puede dar un giro. Dijo Raul.
- Estan hablando de un pasadizo que han encontrado excavando la trinchera, que conduce hasta el mismo puesto del alto mando enemigo. Si somos capaces de introducirnos en el y llegar hasta ellos, podriamos eliminar a los jefazos, y todo el mundo sabe que si a la serpiente se le corta la cabeza.... Añadio mientras sonreia.
- ¿Un pasadizo?, ¿donde?, y ¿cuando lo han encontrado?. Pregunte extrañad.
- No he escuchado nada de eso que me cuentas. Para mi que es otro invento del capitan para subirnos la moral. !Estoy harto de esta guerra!.
- Siempre tan optimista. Respondio Raul.
- Si no te pasaras todo el dia leyendo esas absurdas cartas y esos cochambroso libros, tendrias los oidos mas dispuestos para enterarte de todo lo que ocurre a tu alrededor. Añadio Raul en tono de reprimenda.
- El pasadizo que han encontrado ese halla en el flanco izquierdo. ¿Te acuerdas de Jaime?. Preguntó Raul.
Jaime, si claro, pense, ese chico joven. No podria olvidarlo. Se llevaba todo el dia con el dedo en la anilla de su granada. Decia que nunca lo cojerian vivo, y que si lo mtaban, se llevaria por delante a alguno de ellos.
- Claro que me acuerdo. Respondi, murio al estallarle la granada con la que jugaba. Trepo por la triinchera hasta quedarse al descubierto y tiro de la anilla. Dijeron que se volvio loco. La enfermedad de latrinchera decian.
- Pues ese. Resulta que decia que habia encontrado un pasadizo secreto que le llevaria de vuelta a su casa, que habia encontrado una entrada secreta, una puerta magica. !ya ves la tonteria!. Pues resulta, que un par de hombres han investigado y han encontrado una abertura en la roca justo donde el decia, y dicen que es lo suficientemente ancho como para que quepa un hombre, y que podria llegar hasta el puesto de mando enemigo.
Estan buscando un par de voluntarios para introducirse por esa abertura y ver hasta donde llega. Hay que darse prisa no sea que se nos adelanten.
- ¡Como dices?, pregunté mientras me frenaba en seco y lo agarraba del brazo. Me estas diciendo que tanta prisa es para apuntarte en esta mision?.
- Vamos, no me digas que no quieres ir, he pensado en ti. No querria que me acompañara otro, sabes que confio en ti. Sabes disparar mejor que cualquier idiota de los que estan en este asqueroso agujero. Respondio
Me quede atonito, no sabia si darle un puñetazo, abrazarle, o simplemente darme media vuelta y volver a mi puesto a ver si podia volver a dormirme.
- Vamos, no puedes dejarme tirado, no puedes perderte la diversion chico. Deja esas cartas un rato.
Las cartas de las que hablaba eran las cartas de cinta, mi prometida, o mejor dicho, mi ex prometida. La guerra estaba durando mucho, o mejor dicho, demasiado. Se canso de esperar al segundo año de guerra, y se caso con camarero hacia ya mas de 1 año. Aun la recordaba. A veces cerraba los ojos y me parecia verla, me parecia oler su perfume, y sentir sus calidas manos en sus mejillas.
- Vamos, por favor...
- Debo estar mas loco que tu, de aucerdo vamos. Respondi
Nos dirigimos raudos por la estrechez de la trinchera en direccion al capitan. La llovizna se convirtio en lluvia, y la lluvia en tormenta. Notaba como me calaba hasta los huesos, lo cual agradeci profundamente, porque solo asi conseguia aparatr de mi mente a la dulce cinta.
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